Alfonso Reyes: la humildad de un maestro

17/05/17
Alfonso Reyes: la humildad de un maestro

Alfonso Reyes nació un 17 de mayo de 1889 en la ciudad de Monterrey (Foto: UANL)

Alfonso Reyes es una invitación a la lectura, guiada por la sencillez y solidez de un pilar de la literatura mexicana. Decía Carlos Monsiváis que Alfonso Reyes fue una lección de idioma.

De niño, escondido bajo la mesa del comedor, leía El Quijote y a Dante impresionado por los dibujos de Gustave Doré.

Hijo del general Bernardo Doroteo Reyes Ogazón, que durante el mandato de Porfirio Díaz tuviera el puesto de Secretario de Guerra y Marina. El general Reyes fue gobernador de Nuevo León, y durante la revolución luchó en contra de Madero, y durante un enfrentamiento fue rodeado por la lluvia de ráfagas que desprendían las balas.

De Alfonso Reyes es difícil encontrar pedantería. La ironía, los placeres helénicos, el ejercicio crítico y creativo de una obra llena de genialidades que erradica las imperfecciones. Reyes trascendió como una figura entrañable para todos aquellos que los frecuentaron: un maestro, una vida literaria.

Reyes es un globo terráqueo compuesto de diversas zonas climáticas. "El vasto campo de referencias de Reyes lo deja a uno con un sentimiento de enorme humildad", dijo George Steiner en 2007 al recibir el Premio Alfonso Reyes.

Los sonetos de Reyes

¡No! - le dije-, no es ése mi sendero.

No es de frivolidades mi existencia.

Porque alienta mi vida una creencia

y nací armado de luciente acero.

Así comienzan los sonetos publicados el 28 de noviembre de 1905 en El espectador de Monterrey, cuando Reyes tenía 16 años. En ese invierno de visita a su ciudad natal, ya vivía en la ciudad de México. Para el joven Alfonso, la fecha significaría su primera aparición pública.

A lo largo de su vida, Reyes desarrolló también actividades diplomáticas en España, Francia, Argentina y Brasil.

Durante su estancia en Madrid (1914 a 1924) surgió Tertulia de Madrid (colección Austral 1949), en el que AzorínJuan Ramón JiménezValle InclánGómez de la SernaGaldós y Rubén Darío son los personajes del libro descrito en palabras de su autor:

"Ni como memorias son completas, ni tampoco pretenden pasar por dictámenes críticos, tal vez se reducen a impresiones instantáneas, y a meras noticias... ocupan un término medio entre el recuerdo y el juicio".

En La Glorieta de Rubén Darío, Reyes refiere la celebración de una glorieta de Madrid nombrada como el poeta nicaragüense: "Felicitémonos porque nos ha sido dable presenciar la hora en que las glorias de América pueden redundar en gloria de España".

Luego, como embajador en Argentina, convivió con una generación de escritores brillantes y cultivó amistad con Silvina OcampoAdolfo Bioy CasaresLeopoldo Lugones y Paul Groussac

Para Jorge Luis Borges, Reyes fue un maestro: "Él me invitaba a comer todos los domingos en la embajada de México, en la calle Posadas", recordaría más tarde en una entrevista donde también habla sobre la primera publicación de Macedonio Fernández, en la revista Cuadernos de Plata que fundaría Reyes, y con quien editaría lo que terminó convirtiéndose en Papeles de Recienvenido, el primer libro de Macedonio.

Hugo Hiriart lo llamó el maestro de la prosa invisible. Entre las coordenadas alfonisnas la extensa correspondencia: si a los amigos no es necesario frecuentarles es porque se les puede escribir.

Reyes sostuvo correspondencia con DaríoAmado NervoGabriela MistralSilvina OcampoPedro Henríquez UreñaJulio TorriGenaro EstradaOctavio PazJaime Torres BodetJosé Vasconcelos...

Memorias de cocina y bodega, otro manjar en la bibliografía de Reyes, evoca el hedonismo gastronómico durante sus viajes y estancias, la comida mexicana, cafés, vinos, chocolates y hasta un guiño al canibalismo.

De Reyes se piensa que es una imagen borrosa, quizá si hubiera vivido en la época de la televisión sería más nítida. Llegar a él a través de la poesía, ensayo, narrativa, es un buen comienzo. El abanico se despliega, en la colonia Condesa donde la Capilla Alfonsina ofrece más detalles sobre su obra. 

 

/CHG