Ella Fitzgerald, la Primera Dama de la Canción

15/06/17
Ella Fitzgerald, la Primera Dama de la Canción

Fitzgerald era una de las cantantes más influyentes en el jazz estadounidense. (Foto: Especial)

La cantante Ella Fitzgerald nació el 25 de abril de 1917 en Newport News, Virginia. En 1938, cuando tenía 21 años, logró hacerse famosa tras grabar una versión de la canción infantil “A-tisket, a-tasket”, cuyo álbum vendió un millón de copias, llegó al número 1 y se mantuvo en las listas de éxitos durante 17 semanas. Así comenzó el camino para convertirse en la intérprete femenina de jazz más influyente de Estados Unidos por más de medio siglo.

Antes de ese primer éxito y a pesar de su corta edad, Ella había vivido ya toda una historia que la hizo madurar. Poco después de su nacimiento, sus padres se separaron y se fue a vivir a Yonkers, Nueva York, con su madre, quien volvió a casarse y le dio una media hermana algunos años después. Debido a la apretada situación económica de la familia, Ella hacía pequeños trabajos para aportar dinero.

Cuando tenía 15 años, su mamá murió en un accidente automovilístico. Entonces, la joven regresó a Virginia con una de sus tías. Sin embargo, cada vez se sentía más infeliz, sus notas bajaron drásticamente y comenzó a faltar a la escuela. En esa época difícil, también se metió en problemas con la policía y acabó en un reformatorio, donde era golpeada por los celadores.

En plena Gran Depresión, decidió escapar del lúgubre lugar y, cuando se encontró sola en la calle, supo que lo único que le quedaba era luchar por su sueño de ser cantante. Dos años más tarde, en 1934, tuvo la oportunidad de competir en la Noche Amateur del prestigiado Teatro Apollo, uno de los clubes de música popular más importantes de Estados Unidos.

Nace una artista

La cantante en ciernes, tímida, reservada e insegura por su apariencia, se sintió invadida por el miedo y disminuida por los abucheos del público y el constante murmullo preguntando qué era lo que iba a hacer. Cuando estaba a punto de retirarse del escenario, tomó la decisión de realizar su interpretación. Eligió “Judy”, canción que conocía muy bien, pues la versión de Connee Boswell era de las favoritas de su madre. Cuando terminó, el público, sorprendido por su voz flexible, amplia y precisa, pidió que continuara. En ese momento, Ella descubrió que sus miedos no existían sobre el escenario: “Yo sabía que quería cantar delante de la gente el resto de mi vida”, dijo posteriormente.

En enero de 1935 tuvo una pequeña temporada junto a la Tiny Bradshaw Band en el Harlem Opera House. Al año siguiente, hizo su primera grabación, que alcanzó mediano éxito. También empezó a experimentar cada vez más con su voz y a usarla como si se tratara de otro corno dentro de la banda. Irrumpió en los terrenos del scat, la improvisación y la vocalización, elementos con los que logró crear un verdadero arte sonoro, capaz de dar vida a sensuales baladas o interpretar dulce jazz, lo que fascinó a su público.

Ya en la década de los 50, bajo la dirección de Norman Granz, Ella se unió a la gira Jazz en la Filarmónica y colaboró con Louis Armstrong en varios discos. Entre 1956 y 1964 unió su talento al de músicos como Cole Porter, Duke Ellington, George e Ira Gershwin, Johnny Mercer, Irving Berlin y Rodgers y Hart. En esos mismos años, se convirtió en invitada favorita de The Bing Crosby Show, The Frank Sinatra Show, The Ed Sullivan Show, The Tonight Show y The Nat “King” Cole Show, entre otros programas de variedades de la televisión.

Derribando obstáculos

Contradictoriamente, en la misma época, la cantante, de igual forma que toda la comunidad negra, tuvo que lidiar con el racismo. A Ella le gustaba contar la anécdota de que, gracias a Marilyn Monroe, logró presentarse en el Mocambo, un club nocturno muy popular en aquel momento, donde no se le permitía actuar debido a su color de piel. Entonces, la mítica actriz y cantante llamó personalmente al dueño del lugar y le dijo que, si contrataba a Ella, ella estaría en una de las primeras mesas cada noche. Él acepto y Marilyn cumplió su promesa, lo que atrajo a toda la prensa e hizo que Ella no volviera a actuar en escenarios pequeños.

En la década de los 70 alcanzó la fama a nivel internacional y afianzó su categoría como referencia dentro del jazz. En 1986, ya diagnosticada con diabetes, fue sometida a una cirugía de bypass quíntuple; a pesar de que se rumoraba que no volvería a cantar, regresó a los escenarios. En 1987, recibió la Medalla Nacional de las Artes en Estados Unidos. También fue merecedora del Premio de las Artes y las Letras en Francia, y de doctorados honorarios en las universidades de Yale y Dartmouth, entre otras.

En 1991, con más de 200 álbumes grabados, 13 premios Grammy ganados y más de 40 millones de discos vendidos, la cantante, también conocida como Lady Ella, la Reina del Jazz y la Primera Dama de la Canción, dio su último concierto en el Carnegie Hall de Nueva York.

Dos años después, ya con 76 de edad, Ella sufrió la amputación de ambas piernas, debajo de la rodilla, a causa de la diabetes que padecía. Finalmente, el 15 de junio de 1996, murió en su casa de Beverly Hills, California.