Museo Casa de la Bola: la herencia escondida de un filántropo

16/05/17

Esta casa se detuvo el tiempo. Su riqueza no se centra en un objeto o su edificación, sino en todo el inmueble que es un símbolo del personaje que la decoró y habitó hasta su muerte: Antonio Haghenbeck.

“Su labor como coleccionista de arte, y sobre todo como filántropo, fue muy importante. Al pertenecer a una familia acaudalada prefirió heredar sus propiedades a todos los mexicanos y dejar a 2 fundaciones como guardianas de que su testamento se cumpliera al pie de la letra”, externó la directora de la Fundación Haghenbeck, Lourdes Monges.

A pesar de tener ocho años como directora del Museo Casa de la Bola, Monges aún no reconoce del todo la personalidad de su entrañable propietario.

Y es que entrar al edificio (de fachada de ladrillos rojos y puerta antigua de madera negra) cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, es viajar al pasado. Muebles, cortinas, retratos que adornan las paredes y una caja fuerte que funge como archivero: todo en el Museo Casa de la Bola son objetos del XVI al XIX.

En el descanso de las escaleras hay una Virgen de Guadalupe, símbolo religioso muy significativo para don Antonio Haghenbeck y de la Lama, dueño de esta propiedad desde 1942, quien la habitó hasta el día de su muerte en 1991.

En el pasillo que da al suntuoso comedor hay unas armaduras de caballeros vigilantes. La chimenea, las cortinas y las porcelanas confirman que don Antonio era un amante del siglo XIX y también de la religión: en cada habitación hay un crucifijo, una escultura del niño dios o de San Francisco.

Don Antonio heredó además otras dos propiedades que también se convirtieron en museos: la Hacienda de Santa Mónica, en el Estado de México, y la Hacienda de San Cristóbal Polaxtla, en Puebla. Junto con el Museo de la Bola, las tres propiedades conforman los Museos Haghenbeck.

Don Antonio es reconocido por su filantropía: ayudó a niños y animales, además realizó donativos a la iglesia católica, quien le envío el botín del Papa Pío X como símbolo de agradecimiento por sus aportaciones.

Los 15 mil objetos que se encuentran en las 13 habitaciones, la terraza y los jardines al estilo romántico, no solo adornan sino que tienen un fin utilitario, como los enormes candelabros de cristal, las cortinas de seda o las chimeneas.

Esta casa también guarda una colección de tapices europeos que fueron hechos a manos, considerada una de las más grandes de América Latina. Debido a su antigüedad, muchos de ellos necesitan restauración.

El amor por el coleccionismo también influyó a la trabajadora doméstica de don Antonio: su habitación y su cocina se encuentran adornadas por flores y recipientes pequeños de llamativo color. También se encuentran imágenes de Pontífices, algún crucifijo, una fotografía de ella antes de morir y un peculiar porta-retrato pequeño con la foto de John F. Kennedy.

La belleza no sólo se queda encerrada en la casa, también se encuentra en los jardines que Haghenbeck diseñó al estilo romántico con ninfas y diosas griegas.

Para subir la escalera que lleva a una terraza con vidrios por paredes, se encuentran dos leones blancos, acostados, como si fueran perros guardianes.

El Museo Casa de la Bola está abierto a todo el público y se mantiene en operación gracias a los eventos sociales que se realizan en su patio de duela; además se imparten talleres y se realizan actividades culturales.

El Museo Casa de la Bola, ubicado en Parque Lira 136, delegación Miguel Hidalgo, puede ser visitado los domingos de 11:00 a 17:00 horas.

 

/CHG