Casa de Ramón López Velarde: luto, religión, patriotismo y muerte

15/06/17

Visitar la casa de Ramón López Velarde, autor de uno de los más importantes y bellos poemas de México, Suave Patria, es un suceso extraño.

La ahora casa del poeta donde vivió sus últimos tres años, sorprende por su tamaño; es un edificio de casi media cuadra, sin embargo, el lugar donde escribió su célebre poema es apenas un cuarto pequeño donde ubicas los aspectos tangibles de su vida: la revista del maestro en la que publicó el texto mencionado; sus sabánas, que relatan de manera muda su soltería y el apego a su madre y hermana por los bordados; el luto que guardó por la muerte de su padre; y lo que lo hizo trascender, la poesía que escribía en sus ratos libres cuando dejaba su oficio de abogado en su escritorio. 

Las imágenes religiosas no son ajenas al lugar; él católico y el sueño frustrado de su familia se aprecian en las paredes con rosarios y cuadros de Cristo. 

El visitante se lleva una sorpresa cuando se abre el armario del poeta; entra a un museo metafórico de lo que habitaba la mente de López Velarde.

Espejos, juguetes, Jérez, Zacatecas (su lugar natal), la mujer que marcó su vida y México, el país al que retrató con sus versos. 

Por un pasillo en el que sólo cabe una persona se aprecian en las paredes las metáforas que invadieron poemas como: Por este sobrio estilo, La bizarra capital de mi estado, Ánima adoratriz, El retorno maléfico y Sueño de guantes negros.

El poeta mantenía la melancolía por Jérez, Zacatecas; a través de máscaras cuyas rendijas para los ojos contienen imágenes de su casa y el pozo de su jardín, pero en realidad, el visitante supone que el autor no quiso regresar a su tierra natal, sino regresar a la inocencia de su infancia. 

"Suave Patria: tu casa todavía es tan grande, que el tren va por la vía como aguinaldo de juguetería", uno de los fragmentos que aparece en la pared y está materializado con una silla de más de metro y medio de alto con un tren pasando por el asiento, cuya cubierta es campo, la metáfora que López Velarde intentó plasmar en su obra: la grandeza del país. 

Después una figura parecida a la catrina llama la atención. Error, no es la catrina, es la figura de Josefa de los Ríos, prima política del poeta quién marcó su vida; se enamoró de ella y después murió, regresando en sus sueños con guantes negros. 

El fólclor mexicano con juguetes, charros y mujeres se manifiesta en un estante que está para mostrar que López Velarde tenía un ferviente cariño a México y como todo intelectual de su época no era ajeno a la Revolución, etapa histórica que vivió hasta el día de su muerte. 

Amigo de Francisco I. Madero, opositor de Porfirio Díaz, poeta extraordinario y abogado, murió un 19 de junio de 1921 en un cuarto de la colonia Roma por una neumonía a los 33 años de edad. 

 

/CHG