La pesadilla del 'Donas'

12/04/16
La pesadilla del 'Donas'

La pesadilla del 'Donas'

Por Saskia Niño de Rivera

@saskianino

Odia al delito, compadece al delincuente. Directora General de Reinserta un Mexicano A.C.

Todos los días se despertaba a las 3:30 de la mañana para meter la masa al horno. Felipe o ‘El Donas’, como le dicen en el reclusorio, se dedicaba, junto con sus hijas y esposa, a hornear y vender pan dulce. Todas las mañanas, en punto de las 7:30 am, lo vendía en las puertas de una primaria pública. ‘El Donas’ y los suyos, son una familia humilde. Ninguno logró –vaya ironía– ir más allá de la primaria. La venta de pan dulce es su único ingreso.

Papás, mamás y sus pequeños hambrientos lo vieron día tras día. Maestros y alumnos se volvieron una extensión de su familia. Siempre puntual. Nunca fallaba.

Una mañana, ‘El Donas’ no llegó a su cita de cada día. Salió de su casa, sí, pero no llegó a su destino. Tomó su camino habitual, en las calles de Iztapalapa, pero al dar una vuelta poco antes de llegar a la escuela fue golpeado por un coche que no frenó y lo arrolló. Él, su hija que lo acompañaba en el cuadriciclo que utilizaba como medio de transporte y tienda móvil, y todo el pan dulce, salieron volando.

El diagnostico en el hospital fue positivo para su hija, que “solo” sufrió golpes superficiales. Él no corrió con la misma suerte. Felipe quedó paralizado de la mitad del cuerpo. El lado derecho ya no le respondía. El accidente cambió la vida del ‘Donas’ y de toda la familia. Las dinámicas cambiaron. Ya no podía salir a vender pan todos los días y el proceso de elaboración del producto se volvió más lento.

Todavía con las secuelas del accidente, la familia del ‘Donas’ se enfrentó a la verdadera pesadilla. No eran ni las 6 de la mañana cuando un grupo de policías judiciales, destruyendo las pocas pertenencias que tenían en casa, asustando a sus nietos e hijas, irrumpieron en su casa.

Hablar de calidad humana y presunción de inocencia está de más. Felipe nunca recibió ni una pizca de eso. Entre groserías, golpes y amenazas se lo llevaron sin explicación alguna ni orden de aprehensión de por medio.

La familia, sin saber qué pasaba, fue al Ministerio Público. Empezó otra pesadilla. Horas de incertidumbre. Nadie les decía nada. La explicación nunca llegó y a Felipe lo trasladaron al reclusorio sin dar aviso alguno a la familia que llevaba tres días sentada esperando un poco de certeza.

Fueron, entonces, a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal donde por fin alguien les ayudó y les dijo a dónde habían llevado al ‘Donas’ y por qué. La sorpresa no fue menor: estaba acusado por el homicidio de un chavo de 20, conocido por vender droga en la colonia y con antecedentes penales. Como suele pasar en nuestro sistema de impartición de justicia, el abogado defensor de oficio que le asignaron llegó sin leer siquiera su caso y en unas cuantas horas había sido sentenciado a 30 años de prisión. La pesadilla seguía.

A sus 66 años de edad, a Felipe le espera el resto de su vida en prisión. Sus problemas de salud han empeorado y sus días están contados.

Una simple mirada a su expediente enoja, frustra. En la sección de análisis de criminalística de los hechos relacionados al homicidio se da cuenta que los múltiples balazos que recibió la víctima fueron disparados con la mano derecha y tras una posible riña. Sí, la misma mano derecha que Felipe no puede mover, que tiene paralizada.

De ese tamaño es la injusticia que lo tiene condenado a vivir el resto de sus días tras las rejas.