Cruel

13/03/17
Cruel

(Foto: Especial)

Por Ángel Inzunza

@Ainzunzo

Actor, escritor y conductor de TV. Chilengo (Made in Chile pero en proceso de chilanguización)

Les debo una divertida.

La siguiente será sobre algo alegre. A lo mejor la escribo sobre fútbol, siempre funciona y queda bien hablar del real y verdadero opio del pueblo.

Hoy no. No puedo.

Escribo en la madrugada del Día Internacional de la Mujer y mi mujer, mi esposa, está tan triste en la cama abrazando a la niña, mi otra mujercita, que no puedo pensar en otra cosa más que en su tristeza. Será porque eso que la entristece es de las cosas que yo, o “uno”, no puede entender. O mejor dicho, “uno” puede entender pero sólo hasta cierto punto, luego comienza un bosque de dolor al que “uno” no puede ni quiere entrar. No tengo que entenderla para entristecerme junto a ella.

Sucedió en el lugar donde estas cosas ya no son noticia: Estados Unidos.

Ahí llegó ella hace mucho. Ella es amiga de mi esposa. Ella y su hijo son mexicanos-americanos.

Tuvimos noticias de ellos a principios de año y no fueron buenas. Habían sido víctimas de la discriminación, el odio y el fanatismo imperante en su país. Pero no hay más opción que seguir adelante. Los odiaron por lo que son y lo que uno es no lo puede cambiar, así que “aguantar” se llamaba el juego.

Ella tuvo a su hijo sola, como si eso fuera posible, y procuró darle la mejor de las vidas. 

Eso implicaba trabajar y trabajar. Para ella los insultos, el rechazo, el odio y la discriminación eran parte del plan. Ella había caminado por infiernos mayores. El amor a su hijo, el esfuerzo y el trabajo duro habían endurecido su piel y tapado sus oídos.

Ella estaba preparada para aguantar lo que fuera que le dijeran y en el idioma que quisieran decírselo. Ella jugaría ese juego porque estaba preparada para hacerlo.

El niño, su hijito, no lo estaba. El sábado, solo en su habitación, decidió dejar de jugar.

Mi mujer está triste en la cama abrazando a lo que más queremos. Piensa en el dolor de otra madre que hoy no tiene a quien abrazar.

Hugo Morales se llamaba el niño. Odio la enfermedad. Bullying, el síntoma.