Colonia Juárez: diversidad cosmopolita en 111 años

14/03/17

Porfirio Díaz tuvo la idea de hacer de la Ciudad de México una urbe de aire cosmopolita, lo que llevó a que el área que hasta mediados del siglo XIX ocupaba la Hacienda de la Teja se fuera urbanizando por secciones —Juárez, Bucareli, Limantour, Del Paseo o Americana, Nueva del Paseo y De la Teja—, cada una con un trazo y características propias.

En marzo de 1906, para conmemorar el nacimiento de Benito Juárez, todas se unieron bajo el mismo nombre: colonia Juárez, según explica Rodrigo Hidalgo, investigador de la página La Ciudad de México en el Tiempo.

La demarcación, habitada por las clases altas, crecía a ritmo lento, hasta que la Revolución detuvo su desarrollo. “En febrero de 1913, los combates llegaron hasta las calles de la Juárez y un grupo de personas incendió la casa de Francisco I. Madero, en Berlín y Liverpool, así como otras residencias en Paseo de la Reforma”, cuenta Hidalgo.

Los hechos violentos hicieron huir a la aristocracia hacia la periferia de la ciudad. Fue hasta entrados los años 20 que la Juárez tomó un segundo aire que le duró 60 años y se vino abajo con el terremoto de 1985. “La colonia entró en un período de abandono, las huellas del sismo permanecieron por varios años como ruinas o terrenos baldíos, algunos se volvieron estacionamientos y otros siguen vacíos”, señala Hidalgo.

Tras 15 años, a principio del siglo XXI, la Juárez volvió a levantarse impulsada por la arquitectura y el boom inmobiliario de la zona, provocado por los problemas de transporte y traslado de la ciudad, que han ocasionado que la gente busque opciones para vivir cerca del Centro.

Arquitectura como eje creador

A la par de su historia, son tres las etapas constructivas que ha experimentado la colonia Juárez, a decir del arquitecto José María Nava, catedrático de la Universidad Iberoamericana. “Las primeras edificaciones, eclécticas e inspiradas en el rococó francés y el art nouveau, fueron casas de gran tamaño. Este período se vio interrumpido por la Revolución”.

Una vez terminado el conflicto bélico —comenta Nava—, llegó el principal auge de construcción de la colonia, con edificios que dejaron ver las primeras manifestaciones de la arquitectura moderna mexicana, como el Hotel Reforma (1936) y, posteriormente, otros sobre la línea del racionalismo de los años 50 o del streamline de finales del art decó sobre la calle de Versalles. Esa segunda etapa de esplendor terminó con el sismo del 85.

A mediados de los años 90, con el auge inmobiliario de Paseo de la Reforma que impactó directamente a la colonia Juárez, la zona recuperó importancia, y comenzó una tercera etapa, que continúa hasta hoy en día. Reforma 222, edificio de uso mixto proyectado por Teodoro González de León e inaugurado en 2008, da cuenta del florecimiento de las zonas comerciales y de oficinas como parte de la gentrificación.

Una larga lista de virtudes urbanísticas, que comienza —dice Nava— con una ubicación privilegiada, entre las avenidas Reforma y Chapultepec, en la delegación Cuauhtémoc, e incluye la accesibilidad que otorga el transporte público, la existencia de ciclovías, la traza de sus calles equilibrada con plazas y jardines, y una escala peatonal agradable, ha sido el factor determinante para que colonia aumente su densidad de población, lo que ha abierto el paso a la rehabilitación arquitectónica y el aprovechamiento de los espacios de antaño.

Ejemplo de ello es Havre 69, proyecto realizado por el despacho AT103 en 2014, ganador del primer lugar de la categoría Retrofitting & Refurbishment del Arch Marathon de Milán, mediante el cual cuatro casonas porfirianas se reestructuraron para dar paso a 12 condominios, un par de oficinas y dos frentes comerciales.

La Juárez, un lugar vivo de cultura