Los fotogénicos espectros de Juan Rulfo

16/05/17
Los fotogénicos espectros de Juan Rulfo

Rulfo, sentado en alguna parte del Nevado de Toluca, con pipa en la boca, contempla lo que hoy recuerda. (Fotos: Juan Rulfo ®)

Nos alcanza la pirotecnia que supone la posteridad de un centenario. Nombre y obra se citan en todas partes. Juan Rulfo se convierte en tendencia y parece más sencillo no culparse por no visitarlo que asistir a la celebración.

Él, Rulfo, es el menos culpable de todos los disparates que se hablan a su alrededor.

Él, Rulfo, sentado en alguna parte del Nevado de Toluca, con pipa en boca, contempla lo que hoy recuerda.

Aquí no se habla de Comala. Precisar la geografía del personaje es arrebatarle el silencio.

En la década de los 40, trabajó en la Secretaria de Gobernación con un puesto en el departamento de inmigración persiguiendo ilegales, que confiesa, nunca encontró. Habían comenzado los viajes y el registro en cámara de aquellos lugares, aunque las primeras fotografías de las que se tienen conocimiento son de los años 30.

Viajar y desempeñar varios oficios -agente viajero para la compañía Goodrich-Euzkadi, por ejemplo- aumentó su acervo fotográfico.

A propósito en una conferencia sobre Rulfo en 1997, Germán Dehesa comenta sobre aquellos sitios que el autor de Pedro Páramo visitó:

"A veces es terrible recorrer los pueblos de la provincia Mexicana, porque ya son pueblos sin hombres, porque los hombres se han ido al norte, han intentado cruzar la frontera porque sólo allí encuentran una manera de vivir; se convierten en pueblos de ancianos, pueblos de niños, pueblos de mujeres, y donde todo adquiere una condición espectral".

Video: Germán Dehesa sobre Juan Rulfo

Esa es la impresión que dejan algunas de sus fotografías: lugares espectrales donde el abandono y el silencio prevalecen.

Parece difícil no enlazarlas a su obra literaria. Si la mirada es la foto, en Rulfo podría decirse que la foto es su mirada: sinestesia.

Lo decía Susan Sontang en Sobre la fotografía: "Fotografiar es apropiarse de lo fotografiado."

En una entrevista en 1977 en el programa A Fondo, Rulfo menciona que aquellos lugares que describe en su obra no existen:

"Cualquier persona que intentara encontrar esos paisajes, encontrar esos motivos que han dado origen a esas descripciones, no las encontraría... pasó hace poco, se quería hacer una revista literaria dedicada al Llano en llamas, entonces querían fotografiar la zona, la región... nunca se encontró el paisaje".

Video: entrevista a Juan Rulfo 1977

Opiniones sobre la relación de su trabajo literario y fotográfico, hay muchas. Para Manuel Álvarez Bravo la fotografía de Juan Rulfo estaba ligada a su obra literaria "con el fin de reflejar el dramatismo propio del país, pero sin los prejuicios y las convicciones técnicas y estéticas que corresponden al oficio".

Diego Rivera llegó a opinar sobre la fotografía y el ejercicio de fotografiar, y consideró que "lo que cuenta realmente es la sensibilidad, la imaginación, la inteligencia y la intención humana (…) presentes en la individualidad de quien se expresa, modelada por las circunstancias sociales y políticas dentro de la que se desarrolla la vida".

En 1960 en Guadalajara, y en 1980 en Bellas Artes, se realizaron las exposiciones en vida de su trabajo fotográfico.

Actualmente en el Museo Amparo de Puebla, el pasado 6 de abril se inauguró El Fotógrafo Juan Rulfo, de los curadores Victor Jiménez y Andrew Dempsey, que incluyen 150 fotografías, archivos personales en distintas épocas y actividades, como su incursión en el cine. Está exposición está disponible hasta el 10 de julio.

En el 2010, como consecuencia de las investigaciones de Dempsey y Daniel De Luigi, resultó el libro 100 fotografías de Juan Rulfo (RM, 2010) que incluyó material hasta entonces inédito. Con cuatro apartados, el libro recorre distintos la arquitectura, el paisaje, el retaro y los pueblos, como Oaxaca.

La magia parecía rodear a Rulfo, cuya cruda apariencia recuerdan esos versos de Pessoa:

No soy nada.Nunca seré nada.No puedo querer ser nada.A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Rulfo parecía llevar todos los fantasmas que en la fotografía se revelaban al exponer la imagen.

Esto se puede imaginar: el Rulfo que escribió aquél Par de Libros fue después un fantasma de sí mismo que permaneció a la vista. Mientras el otro, Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, tomó la cámara y con ella inventó lugares que jamás serán encontrados.

Ya que nos esforzamos en despertarlo hay que visitarlo, en silencio, dispuestos a la contemplación de su presente ausencia.

 

/CHG