¿Por qué nos sometemos?

14/06/17
¿Por qué nos sometemos?

'Cuando escuches el trueno' explora las posibilidades del placer y de la pérdida, de la sumisión y la violencia, y de las muchas caras del amor y el desamor (Fotos: Especial)

¿Qué pasa por la mente de alguien que se entrega del todo en una relación y no pelea por su dignidad? ¿Qué significa ser una persona que se somete? Esas fueron las preguntas que llevaron a Julieta García González a escribir la novela Cuando escuches el trueno, donde cuenta la historia de Ana Solís, una mujer joven, atractiva, exitosa y liberada, que tiene su propia empresa, voluntad, amantes, dinero y una personalidad fuerte… Hasta que conoce al fotógrafo Héctor Lucero y dobla las manos.

“La novela nació hace muchos años, de una mala relación que tuve y me dejó muy inquieta, fue más light que la de Ana, pero me hizo pensar qué pasaba ahí. Empecé a explorar y llegué al personaje después de que estaba ya muy escrito en mi cabeza. Conforme lo fui escribiendo, surgieron muchas más cosas, me di cuenta de que las relaciones de sumisión, que siempre asumimos que son de pareja, pueden ser también laborales, de jefes con subalternos, familiares, de un padre con un hijo o hija, o entre amigos”, dice García González, quien también es narradora, editora y articulista.

Una herida del pasado

A la autora también le interesaba mostrar qué pasa cuando la persona, en este caso Ana, no está obligada por las circunstancias a someterse, porque se trata de una mujer que tiene opciones. Sin embargo, Héctor logra encontrar en ella una grieta que le dejó el pasado, e inician una relación caótica e intensa, empapada de violencia a veces sutil, a veces profunda, que va desquebrajando la vida de Ana desde el primer encuentro.

“Descubrí que esas circunstancias suelen surgir del pasado, de una relación pretérita en la que te pusieron, y te pusiste, en un lugar en el que podías ser abusado”, comparte la escritora, autora también de la novela Vapor (2004), los libros de cuentos Las malas costumbres (2005) y Pasajeros con destino (2013), y del libro infantil El pie que no quería bañarse (2011).

Con el cuerpo como minucioso campo de batalla, Cuando escuches el trueno explora las posibilidades del placer y de la pérdida, de la sumisión y la violencia, y de las muchas caras del amor y el desamor, así como las motivaciones profundas del deseo y la voluntad, y de cómo pueden generar impulso o arrojar a la precipitación.

Ahí, fueron naciendo poco a poco los personajes principales: “Tenía ganas de explorar un personaje como Héctor, que es más esquemático que Ana; ella es más compleja. Quería entrar al mundo de un hombre que puede hacer lo que quiere y salirse con la suya, que es algo con lo que me he topado históricamente en este país. No me interesaban sus motivaciones, sino sus actos hacia afuera. A Ana sí quería explorarla a fondo, qué era lo que estaba sintiendo, quería entrar en su cabeza”, explica García González.

Una mujer fría, un hombre caprichoso

La novela, escrita a partir de los bucles mentales que generan narraciones no lineales, explora en Ana lo que piensa, lo que dice y lo que siente, como si el narrador fuera un documentalista que la sigue por todos lados y termina por descubrir que está tan poco acostumbrada al contacto emocional y a expresarlo, que cree estar enamorada porque siente muy intenso.

“Ella siempre está pensando que no le gusta lo que hace Héctor, pero de repente se encuentra sonriendo como boba. Y él va por el lado de ‘llego, te seduzco, te violento sexualmente, te vistes y se acabó’, él es como un niño grande, como los que ahora dominan el mundo, como Putin, Trump o Peña Nieto, que no son capaces de ver más allá de sus necesidades básicas. Así Héctor, solo busca satisfacción inmediata, no busca intimidad, no la quiere”, recalca la escritora, que ha sido becaria del Centro Mexicano de Escritores y del FONCA, además de residente de la Jiménez-Porter Writer’s House de la Universidad de Maryland.

Y, aunque es claro que García González no pretende dejar ninguna moraleja, aclara que “cada lector puede quedarse con lo que quiera. Para mí era fundamental cómo contar la historia que ya tenía en la cabeza, y en ella hay espacio para sacar conclusiones propias”, señala.

Finalmente, la novelista agrega: “Sí creo que las mujeres tenemos más posibilidades de encontrar libertad actualmente, también creo que es a nosotras mismas a las que nos cuesta trabajo aceptarla. Estamos muy pendientes de lo que los demás piensen. Tenemos muchas posibilidades sexuales, pero estamos pendientes de que nos digan si está bien o mal, a ver si somos aprobadas, por nosotras mismas a veces, por las amigas o mujeres cercanas. Nos siguen sorprendiendo nuestras posibilidades, y también las expectativas, que son diferentes para nosotras”.

Comienza a leer aquí Cuando escuches el trueno.

 

/CHG