La fortuna de 'El Chapo', el emporio de un hombre topo

08/01/17
La fortuna de 'El Chapo', el emporio de un hombre topo

Pero si algo se sabe es que el aporte de El Chapo a la historia del narcotráfico, el trasiego a través de túneles, fue clave en la construcción de su imperio en los 13 años que estuvo en libertad entre su primera y segunda captura. (Foto: Cuartoscuro)

El poder y fortuna del sinaloense se forjó gracias a su capacidad para neutralizar a sus enemigos y, sobre todo, a su habilidad para  innovar en el negocio ilegal de las drogas.

En la serie de narcos de moda, “El Señor de los Cielos”, aparece un personaje que emula al traficante Joaquín Guzmán Loera a inicios de los noventa, es bajito, habla con acento sinaloense y opera en la zona fronteriza de Tijuana y Mexicali.  Como los nombres de los personajes tuvieron que ser cambiados, al símil de El Chapo –al que se le apoda así por sus apenas 1.55 de estatura– le pusieron El Topo.

Igual que esos animales minúsculos, su habilidad es hacer rápida y sigilosamente túneles perfectos para operar bajo la tierra. Lo saben los guionistas de la serie y, en teoría, deberían haberlo tenido claro quienes lo mantuvieron encerrado 17 meses en el Penal del Altiplano, del que huyó el 11 de julio del 2015, bajo tierra.

La tarde del sábado 22 de febrero de 2014, con cara de satisfacción, el entonces Procurador federal, Jesús Murillo Karam, presumió ante los medios la segunda captura de El Chapo, que la Marina había conseguido esa madrugada. Había sido una operación minuciosa, preparada por meses, que se dificultó en las últimas semanas. La razón, explicó Karam, fue la habilidad de El Chapo para construir un mundo subterráneo debajo de la tierra que a través del subsuelo lo conectaba con siete casas y que le había permitido incluso recorrer los 222 kilómetros que separan a Culiacán de Mazatlán. Los reporteros tomaron nota y plasmaron en notas y crónicas, la imagen de ese hombre  bajo y de bigote que se mostró a las cámaras, huyendo por las profundidades de la tierra.

En los noventa, El Chapo Guzmán marcó un hito en el narcotráfico por haber introducido una sofisticada forma de burlar el complicado cruce de estupefacientes en la frontera con Estados Unidos a finales de los ochenta: la construcción de túneles sofisticados que resultan verdaderas obras de ingeniería. Eso, además de su habilidad para deshacerse de sus enemigos y amigos, de cualquiera que representara una competencia al emporio empresarial que iba construyendo, lo pusieron al frente del cartel más poderoso de México, el de Sinaloa, fundado por él mismo en 1989, y que aún controla al menos la cuarta parte de la droga que circula por México.  

Luego de su primer escape, en 2001, El Chapo retomó las riendas del negocio que comenzó a cimentar en los noventa  y lo volvió  en menos de una década en un emporio transnacional. Mucho tuvieron que ver las decenas de túneles que construyó para unir naciones: la droga podía desaparecer bajo una mesa de billar en Sonora y aparecer en una bodega de Arizona sin problemas.

Casi cualquier dato que pueda darse sobre la vida de este hombre, está puesto en duda porque es difícil sustraerse de las leyendas que han hecho de los detalles de su vida un mito.

Que nació en una ranchería pobre de Sinaloa, Baridaguato, y se crió con lo mínimo indispensable. Que desde los quince comenzó a vender mariguana y que a los treinta conoció a Miguel Ángel Félix Gallardo y nueve años más tarde, cuando su padrino en las ligas mayores del narcotráfico fue asesinado, fundó su propio cártel. Que ha confesado entre 2 mil y 3 mil asesinatos –con ese rango de especulación que minimiza el horror que pudieron haber sufrido un millar.   

Pero si algo se sabe  es que el aporte de El Chapo a la historia del narcotráfico, el trasiego a través de túneles, fue clave en la construcción de su imperio en los 13 años que estuvo en libertad entre su primera y segunda captura.

Tras su primer detención en 1993, un ex agente de la DEA  asignado en México en los ochenta dijo de Guzmán en sus inicios: “El tipo era lo suficientemente inteligente como para aprender cómo se hacen las cosas”. Y de hecho fue así como forjó su camino,  innovando siempre para  burlar a la justicia inauguró  desde un inicio nuevas formas de hacer llegar estupefacientes hacia Estados Unidos: cajas de jabón, rollos de alambre y hasta chiles jalapeños rellenos de cocaína.

En los últimos 20 años, las autoridades de Tijuana y California han ido descubriendo más de un centenar de túneles, de los cuáles 62 se le atribuyen a El Chapo y su gente. Aunque comenzó a construirlos en los noventa, su auge llegó en la primera década del siglo XXI.

El tamaño de su imperio, cuya clandestinidad provoca poca certeza en los cálculos, pero de acuerdo con autoridades estadounidenses algún momento de sus años dorados – que coinciden con el sexenio de Vicente Fox- llegó a operar 288 empresas, controlar 44 rutas de traslado de estupefacientes en  México, tener presencia en al menos 54 países en los cinco continentes.

Además de ser el cártel que mayor proporción de la droga que se mueve en el mundo gracias a su habilidad  de hacerlo no sólo por  tierra, sino también por mar y por los aires, entre el 2001 y el 2006 El Chapo logró crear una red financiera y de negocios que le permiten lavar millones de dólares  producidos con actividades ilegales.

Entre otros negocios se mencionan tiendas de juguetes, aerolíneas, inmobiliarias y estaciones de  combustible y hasta criaderos de avestruz en varios países. Aunque uno de sus principales centros de lavado de dinero se encuentra en la ciudad de Los Ángeles.

A pesar de que su negocio se vio disminuido a finales de la década pasada debido a la ruptura de la llamada Federación -alianza  encabezada por El Chapo e Ismael El Mayo Zambada en 2006,  y que unió a narcotraficantes de la vieja guardia como Ignacio Coronel Villarreal, Juan José Esparragoza, además de los hermanos Beltrán Leyva para combatir al cártel de Tijuana-.

La solidez del emporio transnacional de Guzmán lo colocaron en 2009, justo en el momento más álgido de la lucha contra el narcotráfico de Felipe Calderón y de su sangriento enfrentamiento con el Cártel de Los Zetas y los hermanos Beltrán Leyva, en el lugar 701 de la lista de los hombres más rico del mundo. Su fortuna entonces fue calculada en mil millones de dólares.

Pese a que en México tuvo que enfrentar rupturas, traiciones y persecución los años previos a su captura  a inicios del año pasado, logró expandir su control mundial en el negocio de la drogas apoderándose de buena parte del mercado de estupefacientes químicos a través del control y venta  de precursores químicos.

 Se convirtió además en el principal proveedor de droga de Australia, incursionó en países tan lejanos como Filipinas –donde el narcotráfico se castiga con pena de muerte-, Mozambique, Congo y Nigeria.

Aún con su líder encarcelado, el grupo criminal seguía operando cantidades estratosféricas de dinero. Apenas en septiembre del año pasado en una operación monumental en Los Ángeles, a la que llamaron Fashion Police, le fueron incautados 65 millones de dólares, 6.5 por ciento de toda la fortuna que Guzmán Loera tenía según Forbes en 2009.

Además de sus viejas alianzas con narcotraficantes colombianos, al cártel de Guzmán Loera se le achaca haber establecido sólidas alianzas con la mafia china e, incluso, de ser el proveedor de drogas de países islamitas del norte de África y financiar de ese modo indirecto el terrorismo de Hezbolá y Al-Qaeda.

Hasta ahí, y probablemente más lejos, han llegado la habilidad del líder del Cartel de Sinaloa, que a bases de una innegable  inteligencia y habilidad para innovar y reinventarse, además de sangre fría para eliminar a sus enemigos, lo convirtieron, en un país plagado de capos, en el más legendario y conocido de todos.